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Sin novedad en el frente. Nuestros cuatro equipos vuelven a ganar, y el camino del A hacia la gloria sigue abierto.
Algo raro sucede. No sé qué nos está pasando. Es como una peli de miedo. Este no es el ICL de siempre. El sábado recibo un mensaje que dice que todo el mundo a las 8:45 del domingo en el club. Hablo con Salva y me dice que irá prontito en coche para encontrar aparcamiento. Me llama Fede para quedar para el domingo, y llega a la hora. El domingo quedo con Fede, llegamos antes de la hora, vamos a tomar un café, y llegamos al local de juego a las 9:35, y allí estábais todos, ¡todos! jugando. Es increíble.
Y a continuación, ejercemos de líder incontestable. En el Ateneu Barcelonès no jugaba su número 1 nominal, y tenían un equipo bastante más veterano y menos Elado que el nuestro, pero aún así, no era previsible una victoria tan fácil. Es que no hubo color. Sin sufrimiento, como si fuera lo más natural del mundo, los puntitos fueron cayendo mansamente en nuestro regazo. Algo pasa, estoy asustado. Mama, miedo.
Ya en la primera hora, la mayoría de partidas con ventaja. Qué placer (salvo para Yolanda, que tuvo un día de esos en que es mejor no levantarse). Y enseguida, nuestro reportero gráfico Fede, que se dedica a inmortalizar nuestros triunfos en formato digital, abrió el marcador jugando a lo sencillo: saco piezas, abro la columna, Cg5, entro con jaques, gano dos peones, en fin, lo lógico y natural. Creo que pondré la partida por aquí un día de éstos, si encuentro otra (clásica) que recuerdo haber visto (me parece que de Keres), en la que hace el mismo tratamiento de apertura, e incluso abre la columna f del mismo magistral modo que Fede. En fin, que cero a uno en 15 jugadas.
Este resultado duró bien poquito, sin embargo, puesto que Muñoz (que no lleva 1, ni 2, ni 3, sino 4, de 4, estimados pcvidentes, 4 de 4) nos deleitó con un excepcional tratamiento de la inglesa, ganando en brillante estilo en 14 (sí, catorce) jugaditas, lo cual podría permitirnos inaugurar un bonito debate sobre cual ha sido la victoria más rápida en esta jornada. La de Fede acabó antes, pero fue en 15. En cualquier caso, tanto el rival de Muñoz como el de Fede abandonaron abrumados ante la evidente superioridad estratégico-conceptual de los claveros, y a pesar de que no les estaban pegando mate (aún), sino solamente ganando peoncillos y calidadecillas de nada.
El Sr. Presidente andaba ya en ese momento algo mosqueado. La plebe se le sube a las barbas. Quería él ser el primero en obtener la victoria, e hizo todo lo que pudo. Sus cuatro primeras jugadas? 1.e4, 2.d4, 3.Ac4, 4.Df3, con sutil amenaza. Qué bonita declaración de intenciones. Por supuesto, en la jugada 15 ya había hecho también las lógicas y naturales h4-g4-Cg5, para a continuación abrir la columna h y doblar ahí, donde hace pupa, con la dama. Pero en ese momento cayó en la cuenta de que Fede y Muñoz ya habían ganado. Ante la magnitud de semejante falta de respeto a la Leyenda viva de nuestra entidad, otros se hubieran derrumbado, pero nuestro Presidente no. Él, a pesar de tan grave afrenta, antepuso el interés del equipo a su orgullo personal, y siguió adelante con su red de mate, para colocar el cero a tres en el marcador (lento, 23 jugadas), y seguir despejando la calle derecha (todos los tableros pares, jugaban a la derecha de la sala).
NOTA: Se sugiere por sí misma una evidente mejora al juego de Gea, puesto que su segunda jugada no contribuye al hilo conductor de su plan estratégico. Por lo tanto, basta con 1.e4, 2.Ac4, 3.Df3, y nos ahorramos un tiempo, (total, d4 no amenaza nada) a ver si así ganamos antes.
Para seguir despejando el carril derecho, otro tablero par, esta vez Perez, colocó el cero a cuatro, disfrutando con su típica posición sapo: te juego f5, te lo comes (siempre se lo comen, y se abren el rey ellos solos, es increíble), te paso la dama, te paso o cavalho, jaque, otro jaque, abandonas. En cuantas jugadas?. 20 (veinte, menos que Gea). Como Fede llegó tarde a inmortalizar los comentarios post-partida, no pudo grabar la siguiente conversación entre los contendientes, por lo que procedo a dar testimonio de la misma:
- Rival de Pérez: Ese peón, estaba envenenado.
- Pérez: (media sonrisa, cara de circunstancias): Sí, bueeeeno...., tal vez no se podía comer, quizás es impreciso jugar antes Ca5....
Vamos ahora con lo que la media sonrisa de Pérez significaba (pero como él es tan correcto, por supuesto que no lo dijo, pero pensarlo, lo pensaba, desde luego): Pues claro que estaba envenenado, hombre, como te vas a poder comer el peón ese si has perdido tres tiempos con el caballo en el flanco de dama. Además, he jugado este tipo de posición tres millones de veces y siempre engaño igual: juego f5 sin pensar, tú piensas media hora a ver si te puedes comer el peón, y acabas comiéndotelo, que es justamente lo que yo quiero, y luego paso las piezas y el mate viene sólo...
Pues nada, que cero a cuatro, y pasamos ahora al carril izquierdo, tableros impares (puesto que el tablero par que quedaba era Anglí, cuyo juego tiene muchas virtudes, pero no la de la rapidez definitoria, precisamente). Y quienes son los principales candidatos a acabar rápido en tablero impar?. Acertásteis: la Escuela Gea.
César fue el siguiente, ganando sin necesidad de hacer nada. Su rival se autoaplicó la eutanasia. Primero se auto-enclaustró el alfil blanco, luego pasivizó todas las piezas para defender su peón de e4 en columna semi-abierta, a continuación se auto-debilitó el enroque, y todo ello, con gran dispendio de tiempo por su parte. Debe ser frustrante eso de que no te dejen hacer nada porque el rival se lo hace todo él solito. O sea, que brillante victoria de César. Veamos en cuantas jugadas.... ¡en 20!. Joder, otra vez menos que Gea.
Por otro lado, Yolanda, no jugó una inexistente partida que vamos a poner en el rincón del olvido. Digamos que se sentaron, se saludaron, firmaron, y se levantaron. El rival de Yolanda seguramente recordará esta partida mucho tiempo. Lo cierto es que el hombre se emocionó hasta el punto de "picar" su última jugada, lo cual estaría muy feo si la partida se hubiera jugado realmente, pero bueno, se lo perdonamos porque no se jugó, en realidad.
En fin, que íbamos uno a cinco, y en ese momento se produjo el hecho más feo de la jornada. Yo, con negras, había igualado fácilmente. Tenía una posición de esas que se disfrutan, en la cual estaba intentando escoger entre una diversidad de planes sosos para pasar al final, y maquinando en cual de los posibles finales podría aburrir más al contrario, cuando éste, en gesto deleznable, va y me propone tablas. Ostia. Me propone tablas, y vamos uno a cinco. Disyuntiva. Qué hago: paso a un bonito final que me permitiría disfrutar locamente durante 85 jugadas más dando vueltas y vueltas, para acabar ganando con un minuto (cada uno) en el reloj, o me sacrifico y acepto las tablas, en interés del equipo?. Por supuesto, antepongo el superior interés de la colectividad a mis perversos deseos individuales, a pesar de que sé que mi sacrificio puede no ser valorado en lo que se merece (en esta sociedad individualista los gestos en pro de la colectividad tienden a ser minusvalorados). Gracias pues a esta nobleza de espíritu que me caracteriza, colocamos el uno y medio a cinco y medio en el marcador, y la seguridad de otra victoria.
Estéril sacrificio en la práctica (aunque no en lo conceptual, claro), puesto que Jordi Anglí estaba en ese momento pintando el seis y medio en el casillero, tras haberse cansado su germánico rival de recibir la clase de juego posicional en la que se encontró un poco sin quererlo. Tras aplicar antiteoria en la apertura, Jordi se quedó con la pareja de alfiles, y su contrincante, con las debilidades en la estructura de peones. No se requiere comentario adicional alguno, por supuesto.
Quedaban dos partidas en la sala, en los tableros uno y nueve. Pero qué bonito espectáculo. Estábamos en campo contrario, y el número total de integrantes del equipo rival en un kilómetro a la redonda, era de dos, y porque estaban jugando. De los nuestros, en cambio, estaba el equipo casi al completo, dando apoyo moral. Incluso había venido Carazo, a quien este año ya he visto más veces que en los dos anteriores juntos. Se le nota, le están entrando ganas de volver a jugar. Viene, y se pone a leer el periódico, como haciéndose el distante, pero tiene ganas de volver a jugar. Él dirá que no, pero es por hacerse el remolón. Aunque claro, a este paso, cuando vuelva ya no entra en el primer equipo, porque con todos subiendo Elo a espuertas, no sé yo si podremos volver a ver su Trompowsky en el A.
Pues nada, que en el primer tablero, Salva, a quien le habían jugado una semi-orangután para sacarlo de la teoría (consiguiéndolo), había jugado todo el rato una posición que no le acababa de gustar, gastando mucho tiempo de reflexión, y acabó perdiendo peón, y sin tiempo en el reloj. Mala derrota contra un rival inferior en Elo que en condiciones normales no hubiera tenido nada que hacer, pero bueno, mejor perder ésta que la siguiente.
Y finalmente, en el nueve, Martí luchó bravamente por la victoria. Obtuvo buena posición con negras, con jugadas naturales (bien), y a la vista del inferior Elo del rival, esperó su error (muy bien). Cuando éste se produjo, se comió el peoncito (estupendo), y tras rechazar tablas (obvio), se dispuso a ganar la partida. Lástima que el otro tuvo la potra de que había alfiles diferentes, y elevadas chances de tablas. O sea, que tras un par de centenares de vueltas, se acabó firmando el empate. No siempre se puede ganar este tipo de partidas, pero esto es lo que hay que hacer en el por equipos: no equivocarte tú, dejar que se equivoque el otro, y aferrarte entonces a tu ventaja, por poca que sea.
En definitiva, que tres a siete final, un muy buen resultado, quizás no cuantitativamente, pero sí cualitativamente, porque no se sufrió en ningún momento, y hubo ambiente de equipo. Estamos yendo por el buen camino, creo que la decisiva ronda de la semana que viene nos pilla en momento óptimo. Ganaremos, claro, más que nada, porque si no lo hacemos ahora que estamos bien, entonces ¿cuando?. |