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Ya es casi aburrido, pero es así: más lucha feroz en la sexta ronda del cerrado.
En DJ.Rueda-C.Barranco, se jugó una francesa. El Sr. Barranco, en su segunda partida consecutiva con negras, se anotó su segunda victoria (debe estar pensando que mejor jugar todo el torneo con negras, lleva 3 de 4 con ese color, sin ninguna derrota). La cosa se salió de la teoría enseguida, y se jugó una posición igualadilla durante todo el rato. La pena es que el rato se acabó antes para el Sr. Rueda, que no calculó demasiado bien el tiempo que le quedaba, y perdió por ídem.
En J.Peñas-J.Pellus, el jugador de blancas se enfrentó a su cuarta siciliana en el torneo, (segunda Paulsen). El jugador de negras, jugó su segunda siciliana (segunda Paulsen). Ambos consiguieron mantener su media con esta apertura. El blanco perdió, (dos Paulsen con blancas, dos derrotas), y el negro ganó (dos Paulsen con negras, dos victorias). Bonita simetría, aunque debe parecerle más bonita a uno de los dos.
Mención aparte merece lo sucedido en J.Garriga-G.Garcia. Probablemente cansado el jugador de blancas de los elogios que recibe en estas crónicas cada vez que juega una inglesa y hace tablas en pocas, decidió el Sr. Garriga salir de rey. Ante el vértigo que ello produce a quien no está acostumbrado, pareció después feliz cerrando la posición, con la colaboración del Sr. Garcia, a quien ya le parecía bien que se quedara abierta solamente la columna donde estaba el rey de las blancas. Y aquí es donde se produjo lo que merece una mención aparte para esta partida. Se han recibido millones de e-mails en esta redacción, pidiendo que se destaque que el Sr. Garriga ¡entregó¡. Es increíble, no?. Pues sí. Y además, como los maestros: la entrega era buena, aprovechando el último resquicio en la posición negra, que obligó al Sr. Garcia a abandonar.
En M.Verdaguer-C.Martin, duelo de líder contra colista, donde una Paulsen (otra más, van 7 en este torneo) consiguió sacar tablas e insertar un pequeño paréntesis en la imparable marcha del Sr. Verdaguer en pos del triunfo final. El blanco no jugó líneas críticas, con lo que se llegó enseguida a una posición igualada, en la que el Sr. Verdaguer decidió tener piedad del conductor de las negras, hundido en la miseria del final de la tabla. Esto también lo hacía Indurain: cuando ya sabía seguro que iba a ganar el Tour, siempre dejaba a los demás que ganaran alguna etapa intermedia. |