Transcurre el año 1.986. Sin grandes dificultades y quizá ( lo que es peor) sin grandes logros, o sea: y abundando en la preposición "Sin pena ni gloria". La Peña se mantiene... sino milagrosamente por lo menos con ciertas anomalías. Las condiciones son precarias tanto en lo que concierne al ambiente social, como en el económico, el local no se ve frecuentado con la asiduidad que se desearía, los socios parecen indiferentes al contacto, a la asistencia, al calor propio en suma de un hogar común, de una segunda casa solariega, que es en resumen ( o de be serlo) todo receptáculo o local donde se agrupan entes de afinidades idóneas o comunes. Se pierden jugadores y los pocos que quedan, se alejan, se distancian, brillan por su ausencia....!
Es posible que los únicos culpables de este letargo social-deportivo, seamos nosotros, los que dirigimos, bien o mal (quizá mas mal que bien) los destinos de la sociedad, de esta sociedad que por su actual fragilidad necesita de cuidados más especiales, y por eso nosotros, los responsables, nos autocensuramos, nos aplicamos un "VOTO DE CENSURA" y prometemos corregir este condicionamiento poco halagüeño.
con lo que llegamos con los apuros que es de suponer al año 1.987 con un balance de actividades muy poco atractivo. Se lleva a cabo una "ASAMBLEA GENERAL" la cual, para poner de manifiesto la insolidez de la Peña en la hora presente, se realiza por etapas, hecho inaudito que nos hace pensar más en este letargo al parecer sin recuperación que nos obliga a considerar la situación como un estado de emergencia.
La falta de concurrencia hace que no se pueda terminar el orden del día, sobre todo en lo que concierne a la renovación de cargos de Junta, en la que se aplaza a una segunda sesión prevista para el mes de febrero del año en curso. En tal fecha poco más o menos, se nombra una nueva Junta directiva, que es la que hacemos constar anteriormente. El potencial deportivo de la Peña se ve reducido ostensiblemente, tanto en la cantidad como en la calidad, llevando a la misma al extremo que ya se temía: A la perdida de su categoría habitual. El primer equipo pasa de segunda a tercera categoría.
La Junta Directiva se ve obligada a lanzar una petición de auxilio, o un S.O.S. (valga el paradigma marinero), en resumen que se solicita ayuda inmediata a todas aquellas personas que quieran prestarla, y este grito de auxilio tiene afortunadamente respuesta, más de un socio acude como tabla de salvación a nuestra llamada.
Ahora solo nos queda la esperanza, de que la luz de una nueva aurora, ilumine la oscuridad en el que la Peña se ve sumida y una etapa más fructuosa nos guíe a través de este proceloso mar, y recordemos la aleluya estratégica que enuncia: "Se ha perdido la batalla, pero no la guerra."
Del resultado de la empresa, el tiempo hablará.... ¡ Que él nos sea propicio!